El monumento a San Martín, enclavado en la plaza que lleva el mismo nombre, cumplió 90 años. Se trata de uno de los íconos de Río Cuarto y, como tal, tiene su historia. Eduardo Escudero, investigador y docente de la Universidad Nacional de Río Cuarto y de la Universidad Nacional de Córdoba, habló con Puntal sobre la trascendencia de la figura y se refirió a cómo el espacio ha sido modificado con el paso del tiempo.

“La plaza y el monumento a San Martín fueron y son el lugar de memoria más importante de la ciudad, sobre el que es muy interesante hacer un análisis y mirar el conjunto de transformaciones que se dieron a lo largo del siglo XX, tanto en lo que refiere a la cultura histórica de Río Cuarto como a la cuestión política, fuertemente vinculadas”, afirmó el doctor en Historia.

-Claramente, es uno de los puntos neurálgicos más importantes…

-Al ser un espacio público fuertemente identificado con muchas instituciones, colectivos sociales y al propio Municipio, fue escenario de muchas y diferentes concentraciones masivas. Desde la plaza se plasmaron discursos importantes acerca de las distintas realidades del siglo XX. Además, estamos hablando del primer monumento nacional de la ciudad. Es decir, hasta 1931, Río Cuarto no tuvo ningún tributo a alguno de los héroes del relato de la nacionalidad. Al mismo tiempo, la figura ecuestre (San Martín a caballo) que observamos actualmente proviene del mismo molde utilizado en las principales plazas de las ciudades grandes e intermedias del país desde 1910. El monumento vino a enfatizar la relevancia del nacionalismo, pensando a San Martín con un contenido americanista. Tras varios años de espera, el 25 de mayo de 1931 se puso la piedra fundamental. El monumento fue inaugurado en julio de ese mismo año.

-¿El año elegido para su construcción tiene que ver con alguna cuestión en particular o fue un reconocimiento atrasado?

-Fue un reconocimiento atrasado. Seguramente se pensó para 1930, pero hubo demoras burocráticas y falta de dinero para la construcción. En ese sentido, hay que decir que todos los monumentos que se construyeron en Río Cuarto se financiaron con aportes de sectores culturales, deportivos y privados, las famosas “colectas públicas patrióticas”, más allá de los organismos oficiales. Lo mismo ocurrió con la remodelación posterior.

Cambios

-Justamente, el monumento original fue modificado, ¿qué se conserva del que se inauguró en 1931?

-Se conserva la estatua ecuestre. El pedestal que vemos en la actualidad no es el original. El primero que se hizo era mucho más bajo. Además, San Martín señalaba el centro de la ciudad. Hoy, mira hacia la cordillera de Los Andes, de acuerdo a las directivas del Instituto Nacional Sanmartiniano. Tampoco tenía las cuatro alegorías talladas por Líbero Pierini. Los cambios se dieron en la década de 1950, algunos para el centenario del fallecimiento de San Martín, durante el peronismo, y otros en 1957, bajo otro escenario político.

-¿Vinieron figuras de peso para la inauguración del monumento?

-El entonces intendente Manuel Pizarro anhelaba el arribo de Uriburu, presidente de facto que llegó al poder el 6 de septiembre de 1930, pero no se concretó. El dictador envió una comitiva encabezada por el general del Ejército Tomás Martínez. Además, hubo representantes de la provincia de Córdoba y de la Iglesia, pese a que aún no se había instituido la Diócesis.

Elegido

-Recién hablaba de la importancia de la plaza y del monumento al momento de definir la concentración de personas. Hoy, aunque con diferencias, sigue siendo un punto elegido por los riocuartenses…

-Sí, sigue siendo un espacio importante para la ciudad. Lo que podemos remarcar es que allí dejaron de practicarse las principales ceremonias patrióticas, las grandes movilizaciones escolares y militares. Esto tiene que ver con que cambió el modo en el que las sociedades contemporáneas practican su vínculo con el pasado. Vivimos una época en la que los relatos, las liturgias y la mística nacionalista se han desvanecido y, con ello, también el valor otorgado a la historia. La plaza y el monumento constituían un espacio importante para los actos patrióticos de la ciudad que, hasta antes de su consolidación, se concentraban en plaza Roca. Para los 100 años del fallecimiento de San Martín (en 1950), durante el primer peronismo, se desarrolló una celebración importantísima. Después, una vez que el peronismo fue derrocado, en 1957, en plena “Revolución Libertadora”, y con la presencia del dictador Pedro Eugenio Aramburu, la ciudad se estableció como el centro de los homenajes sanmartinianos a nivel nacional. El 17 de agosto de ese año se presentaron las cuatro alegorías de Líbero Pierini (Victoria, Acción, Renunciamiento y Juramento), con lo que la plaza y el monumento quedaron estéticamente establecidos como los vemos actualmente. Además del presidente de facto, estuvieron presentes los embajadores de Ecuador, Perú y Chile.

-La instauración de esas cuatro alegorías (estatuas) fue algo sorpresivo…

-Sí, las cuatro esculturas de Líbero Pierini formaban parte de otro proyecto. En 1953, durante el peronismo, por iniciativa de la intendencia de Natalio José Castagno, primer intendente justicialista, se contrató a Pierini y se pensó esas alegorías para lo que iba a ser un gran monumento a Eva Perón, quien había fallecido en 1952. Sin embargo, el proyecto se demoró y quedó trunco a partir del golpe de Estado de 1955. Fue en ese marco que se decidió incorporar algunas de las figuras al conjunto sanmartiniano. De esta manera, se pasó de una memoria sanmartiniana peronizada a otra adecuada a la legitimización de la acción de los hombres del antiperonismo. Por otro lado, ya en los años 60 y 70, a partir de una fuerte presencia de los militares, por ejemplo, en la Junta de Historia, en Río Cuarto los sectores dominantes en el plano cultural y político tendieron a pensar a la ciudad más vinculada a la denominada “Conquista del desierto”, para tal vez dejar atrás a las gestas nacionales de matriz liberal.

Fuente: Diario Puntal