Aunque los primeros casos de coronavirus en la ciudad se confirmaron en marzo de 2020 (a partir de viajeros que llegaron desde el exterior), la crisis sanitaria estalló meses después, más precisamente en agosto, cuando los contagios se multiplicaron.

La primera señal de alarma se dio el 31 de julio del año pasado, cuando un ciudadano proveniente de Buenos Aires no cumplió con el aislamiento indicado y obligó a vallar cinco manzanas del barrio Santa Rosa durante algunos días para contener la eventual propagación del virus. Sin embargo, ese no fue el origen del foco, ya que el mismo arrancó el 7 de agosto. Desde entonces, la presencia de infectados fue in crescendo.

El peor momento de la primera ola se vivió en septiembre y octubre, con 3.872 y 3.449 casos respectivamente. Debido a la magnitud del problema, se volvió a Fase 1 durante dos semanas, lo que trajo algo de calma.

En el tiempo de temperaturas elevadas, la situación mejoró considerablemente. De hecho, en diciembre, enero, febrero y marzo hubo menos de mil contagios por mes.

La curva empezó a elevarse nuevamente hacia abril y el pico de la segunda ola se dio en mayo y junio, con 3.211 y 4.090 infectados respectivamente.

Julio experimentó una baja en relación a los meses anteriores, pero ante la finalización de algunas restricciones y la inminente llegada de la variante Delta, los especialistas estiman que nos encaminamos hacia una tercera ola.

El dato positivo pasa por la intensificación de la campaña de vacunación. Gran parte de los adultos mayores tienen las dos dosis y desde esta semana se vacunará a los menores de entre 12 y 17 con comorbilidades.

De todos modos, todavía se está lejos de superar definitivamente la crisis, por lo que sigue siendo necesario el sostenimiento de las medidas de prevención como la distancia social, el uso de barbijo y el correcto lavado de manos.

Además, también es fundamental el testeo oportuno y el aislamiento en caso de ser contacto estrecho de un positivo.