La industria frigorífica argentina atraviesa uno de sus momentos más complejos de los últimos años. Entre enero y mayo de 2026, la faena bovina alcanzó las 4,94 millones de cabezas, registrando una caída interanual del 9,8% y marcando el nivel de actividad más bajo de la última década.
Así lo reveló el último informe de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra), que advirtió sobre el fuerte impacto de la escasez de ganado y el deterioro del consumo interno.
Según el reporte, el escenario actual es consecuencia de un prolongado proceso de liquidación de stock ganadero, que provocó la pérdida de 3,3 millones de cabezas en los últimos tres años. La situación se agravó por las condiciones climáticas adversas que afectan al sector desde 2022.
Menor producción de carne
La caída de la faena también repercutió directamente en la producción de carne vacuna.
Durante los primeros cinco meses del año se procesaron 1,168 millones de toneladas res con hueso, lo que representó una disminución del 7,3% respecto al mismo período de 2025. En términos absolutos, la producción se redujo en 91.650 toneladas.
En mayo, la actividad mostró una leve mejora frente a abril al considerar la cantidad de días hábiles. Sin embargo, en la comparación interanual se faenaron 127.600 animales menos que en mayo del año pasado, equivalente a una baja del 7,3%.
El informe también destacó una reducción en la participación de hembras dentro de la faena total. El indicador se ubicó en 46,9%, 0,6 puntos porcentuales por debajo del año anterior, lo que refleja una tendencia hacia la retención de vientres y cierta estabilización del stock ganadero.
Fuerte caída del consumo interno
El deterioro del poder adquisitivo y el aumento relativo del precio de la carne frente a otros alimentos también impactaron de lleno en el mercado doméstico.
De acuerdo con Ciccra, el consumo aparente de carne vacuna cayó un 11,1% interanual entre enero y mayo, alcanzando las 855.750 toneladas res con hueso. Esto significó una retracción de más de 106 mil toneladas respecto al mismo período del año pasado.
En tanto, el consumo anualizado por habitante descendió un 6,1%, ubicándose en 47,5 kilos por persona al año, es decir, 3,1 kilos menos que el promedio móvil de los últimos doce meses.
Los datos reflejan un escenario de fuerte tensión para toda la cadena ganadera, atravesada por una menor disponibilidad de hacienda, caída de la producción y un consumo interno debilitado por la situación económica.
Con Fuente: Comercioyjusticia
