El Monumental se hizo carnaval con Fernando Alarcón como héroe. La Gloria empató 1-1 con Estudiantes de Caseros y regresa a la élite después de 16 años.

Rojo y blanco; blanco y rojo; todo es Albirrojo en Alta Córdoba. Un sábado de ilusiones, esperanzas, cábalas, creencias, manos transpiradas, uñas comidas, gargantas detonadas, ojos llorosos, años y años de aliento.  Una temporada extraordinaria que se coronó con un partido para el infarto. Por eso las lágrimas de desahogo de todos los gloriosos.

Banderas rojas y blancas, canciones reiteradas, hit gritados con el alma, puños apretados, el viejo y la vieja, los ídolos y las promesas. Todos jugaron su partido. El partido.

Instituto empató 1a 1 con Estudiantes de Caseros el partido de vuelta de la final del Reducido de la Primera Nacional e hizo valer la ventaja deportiva.

Después se 16 años, la Gloria celebra el regreso tan esperado y soñado.

Se jugaron sueños y futuro,  pasado y presente,  un juego lleno de condimentos y situaciones.

Muy difícil. Todo para Instituto siempre es complicado.

Se jugaron sueños y futuro,  pasado y presente,  un juego lleno de condimentos y situaciones.

Nerviosismo, juego cortado, pocos espacios. Así fue el inicio del partido. Y Estudiantes lastimando por la derecha de la Gloria. Así, a los 14 minutos atacó por esa zona, la jugada se fue al corner y a la salida de ese tiro de esquina, de cabeza,  Juan Randazzo abrió el marcador. Puñetazo a las ilusiones gloriosas.

Instituto intento reaccionar rápido. Con orgullo fue contra el arco de Lucas Bruera. Cucchi estuvo cerca,  pero su remate, a los 17′, no tuvo buen destino.

Y empezó a ir una u otra vez. Con Pombo, con Rodríguez, con Cucchi. Pero Bruera resolvía bien. Llegó por derecha, por izquierda. Pero sin claridad. Después del gol visitante,  mejoró el elenco de Bovaglio, aunque sin certidumbre en sus ofensivas.

A los 34 minutos Pombo armó un jugadón por el centro, eludió dos rivales y cuando remató la pelota no le picó bien. Ya era hora de algo más.

A los 40 minutos fue expulsado Lusnig en el  Pincha por un golpe a Graciani.  En la última jugada se la sacaron de la línea a Santi Rodríguez. Imposible de creer.

A los 11 minutos del segundo. A las 21.34, Seba Corda mandó un centrazo a la cabeza del mejor jugador del partido,  y el central que la estaba rompiendo se elevó en el aire empujado por 30 mil fanáticos albirrojos y con la certeza de sentirse importante cabeceo por la Gloria y por la gloria. Y la pelota entró en la red, y comenzaron los abrazos, en las tribunas y en el terreno  de juego. Y Alarcón el enorme Alarcón entró a la historia y se fue a abrazar con su compinche: el Vikingo Parnisari que estaba en el costado.

Y el Monumental se hizo jugador. Comenzó a jugar su propio partido.

Quemaba la pelota. Casi ni se jugó después. A los 30 ‘ Alderete vio la roja. Estudiantes se quedó con dos menos. El partido era ordinario, porque se jugó más que un partido, y las ansiedades jugaron su papel.

Y fue una fiesta. Una fiesta que no la opaca la Copa del Mundo. Instituto tuvo su Mundial y lo ganó.

Fuente:lmdiario