Un productor cordobés aseguró que la carne porcina atraviesa un momento histórico, con un consumo que bate récords. Además, el negocio de la producción es competitivo respecto a otros países productores.
La producción porcina argentina atraviesa una etapa de expansión pocas veces vista. El crecimiento del consumo interno, la mejora tecnológica de las granjas y un escenario internacional favorable comenzaron a transformar al sector en uno de los más dinámicos de la agroindustria nacional. Y Córdoba aparece en el centro de ese proceso.
Durante una nueva edición del ciclo “Coyuntura y Agro”, realizado en el auditorio de La Voz, el vicepresidente de la Bolsa de Cereales de Córdoba, Mario Aguilar Benítez, trazó un panorama muy optimista sobre el presente y el futuro de la actividad.
Los números muestran el cambio de escala que atravesó la actividad en los últimos años. Córdoba es la principal provincia productora de carne porcina de la Argentina, con 122.599 madres en producción y una faena anual de 3,4 millones de cabezas durante 2024.
El crecimiento no se explica únicamente por cantidad de animales, también hubo una transformación productiva. En apenas dos décadas, la producción nacional se multiplicó por 6,5 y la productividad por cerda pasó de 783 kilos anuales en 2003 a más de 3.100 kilos en 2023.
“La carne de cerdo es la que más ha crecido en el país”, remarcó Aguilar Benítez durante la charla. Y los números acompañan esa afirmación: la faena nacional aumentó 16% durante el primer trimestre de 2026.
Del asado a la milanesa de cerdo
El dirigente puso especial foco en el cambio cultural que empezó a darse en el consumo de carne. Durante muchos años, el cerdo estuvo asociado casi exclusivamente al consumo de embutidos o cortes para determinadas ocasiones. Hoy el escenario es distinto.
La incorporación de cortes frescos al consumo cotidiano y el crecimiento de productos como la milanesa de cerdo comenzaron a modificar los hábitos de los argentinos. “La milanesa de cerdo es lo que viene”, aseguró Aguilar Benítez.
Actualmente, el consumo ronda entre 17 y 20 kilos por habitante al año, dependiendo de la medición. Pero el productor considera que el recorrido todavía es enorme. “El potencial aspiracional son 35 kilos por habitante”, afirmó el vicepresidente de la Bolsa cordobesa.
La comparación internacional sirve para entender el margen que todavía existe. En muchos países europeos y asiáticos, el consumo porcino supera ampliamente los niveles argentinos y representa una de las principales fuentes de proteína animal.
Una ventaja que nace en el campo
Uno de los aspectos centrales de la exposición estuvo vinculado a la competitividad argentina. Aguilar explicó que el principal costo de producción del cerdo es la alimentación y que allí Argentina tiene una ventaja estructural difícil de igualar.
“El cerdo es maíz y soja”, resumió durante su presentación.
La disponibilidad local de esos granos, sumada a la cercanía de muchas granjas con las zonas productivas, permite que el país tenga uno de los costos más bajos del mundo para producir carne porcina.
Según detalló, Argentina hoy produce con costos de entre U$S 1,10 y 1,20 por kilo vivo, niveles similares a los de Brasil que rondan el U$S 1 (el más bajo del mundo) y muy inferiores a los de Estados Unidos, España o Colombia.
Pero el dato que más llamó la atención durante la charla fue otro: mientras varios países productores atraviesan márgenes negativos o muy ajustados, en Argentina la actividad mantiene niveles de rentabilidad elevados.
“Hoy tenemos márgenes de entre 30 y 60 centavos de dólar por kilo vivo. Es algo altísimo”, sostuvo.
El negocio que todavía no despega del todo
Pese al escenario favorable, Aguilar Benítez también marcó varios puntos débiles que siguen frenando el crecimiento del sector. Uno de ellos es la falta de integración industrial dentro de Córdoba.
Actualmente, alrededor de un millón de capones producidos en la provincia son enviados a Buenos Aires para ser faenados, lo que implica pérdida de empleo, logística y valor agregado para el territorio cordobés.
También advirtió sobre el desaprovechamiento de los llamados “despojos”, subproductos del cerdo que en gran parte de Asia tienen alto valor comercial. “El despojo vale oro y se tira”, resumió.
En paralelo, reconoció que la Argentina todavía tiene dificultades para integrarse plenamente al comercio internacional. Años de restricciones y cierres de mercados dejaron al país con menor desarrollo exportador que otros competidores.
Sin embargo, dentro del sector creen que las condiciones estructurales siguen siendo favorables. “Argentina tiene maíz, soja y uno de los costos de producción más bajos del mundo. Con mayor integración y escala, el potencial de crecimiento es enorme”, concluyó.
Fuente:lavoz
